Entrevista con Gustavo Martín Garzo

“El hombre no puede vivir sin sueños”
‘Tan cerca del aire’, del vallisoletano Gustavo Martín Garzo, acaba de ver la luz. El autor define su decimocuarta novela (Plaza y Janés) como “una reflexión sobre el poder del amor y sus oscuridades”. La obra ha ganado recientemente la IX edición del Premio de Novela Ciudad de Torrevieja. Fue precisamente un cuento que le contaron cuando era pequeño el origen de esta historia. “Es una trama que me persigue desde hace tiempo y tenía que soltar”, explica el escritor, también psicólogo de profesión.
Nuria R. Cetina
-¿Por qué eligió este título?
-Mi intención era postular el mundo de las fantasías. Un lugar que está cerca de lo imposible de definir. Y el aire representa justamente eso. En el libro tiene como eje unas aves: las garzas.
-¿No es mejor vivir la realidad que soñar la fantasía?
-Ambas cosas son lo mismo. Para vivir la realidad hace falta la fantasía. El hombre no puede vivir sin sueños. Hay dos mundos, dos vidas: una práctica y otra, la importante y la de verdad, que es la de los anhelos. El problema viene al intentar unir ambas.
-Sin embargo, dice en libro que “si hubiera un lugar donde se cumplieran todos los deseos, nadie querría ir por temor a descubrir los suyos”…
-Claro. El corazón es un lugar oscuro, lleno de cosas buenas pero también terribles. Si lo pensamos bien, nadie nos conocemos de forma plena, y enfrentarnos a nuestros anhelos resulta inquietante. Sobre todo, por temor a hacer daño a alguien.
-¿Su profesión de psicólogo influye a la hora de escribir?
-La Psicología y la Literatura están unidas por el mismo tema: el hombre y sus conflictos. Sin personaje con problemas no hay historia. Pero la segunda disciplina llega más lejos que la primera. Donde de verdad se dice cómo somos es en los grandes libros. Siempre digo que no se puede ser buen psicólogo sin ser buen lector.
-El protagonista de la trama descubre su identidad a través de la historia de sus padres. ¿Influye la trayectoria de los progenitores en la propia?
-Sin duda. Somos lo que hemos vivido, lo que nos han dado. En este caso, el protagonista se encuentra con 15 años a punto de abandonar la infancia y empieza a cuestionarse su identidad. En esta iniciación se da cuenta de que no sólo somos una persona. En nuestro interior hay varios y debemos darles cabida. De esta manera, encuentra un nuevo mundo, lleno de posibilidades.
-¿Nunca dejamos de ser niños?
-No, pero es maravilloso. Los niños tienen un pensamiento no racional, con tintes mágicos. Y, de alguna manera, se acercan más a la verdad que nosotros. Nos demuestran que la vida es más amplia de lo que dice la razón. Y ninguno de mis personajes quiere abandonar ese mundo.
-¿Qué hay de fantasía y de realidad en la novela?
-Me gustaría que el lector no supiera dónde empieza uno y dónde termina el otro. El mundo de las fantasías ayuda a que seamos felices en la vida real, porque es un sitio más rico y atractivo. No somos nadie sin las fantasías. Y, al final, vivimos la mayoría de las veces a través de ellas.
-¿Existen tópicos como ‘El amor mueve montañas’?
-Por supuesto. Los tópicos nos ayudan a revelar cosas y a descubrir lo valioso. Nos dan el poder de dar sentido a nuestras vidas, de hacer de ellas una aventura.
-¿Tiene algún otro proyecto en mente?
-Estoy escribiendo otra novela, que abordará también este mundo, que es el que más me interesa. Por desgracia, existen personas que se apartan de sus deseos y no se plantean su propia vida por temor. Se refugian en las fantasías porque les permiten escapar de la vida real y del dolor que esta les genera.



