El JK y el Mercado de Deusto ganadores del Barnaval

El JK recoge el premio de manos del director de La Ría Del Ocio Arturo Trueba

La mítica coctelería JK, tristemente cerrada hace unos años y felizmente reinaugurada hace pocas semanas, dejó boquiabierto al jurado del Barnaval con un montaje, decoración y disfraces, a base de muertos que resultaron no estarlo tanto, que le valió alzarse con el primer premio de esta decimonovena edición del certamen.
Por su parte, el Güiton, que también obtuvo el segundo premio el año pasado, se lo montó esta vez “de cine” y de los años 20 americanos, con gángsters y mujeres fatales; y el Tobarisch, tercer premio, deslumbró al personal con un cielo y un infierno que incluían un ambiguo ángel y un demonio ‘colorao’.
Pero hubo más premios: una ‘mención especial del jurado’ al museo Guggenheim, que entra por primera vez en esta historia, y que organizó un bonito baile con la peña disfrazada de años veinte que resultó espectacular en su ya espectacular atrio; el ‘espíritu carnavalero’ del Gaico, que ofreció color y una gran variedad de disfraces (desde Spiderman hasta un obispo), ¡durante los cinco días festivos!; el premio a la ‘simpatía’ para los del Monty, que se enrolla lo que no sabe nadie, y cuyo equipo al completo ha cambiado de disfraz cuatro veces en los días que ha durado el Carnaval; el ‘mejor ambiente’ para el Kukusoak, en Barrenkale, cuyas cabareteras, en un local lleno hasta la bandera en el que no se cabía ni de perfil, montaron un divertido e increíble número con una silla encima de la barra que dejó al jurado pasmado; el premio a la ‘actualidad’ para los chicos del Plaza Nueva, que esta vez se habían montado un frontón en 3D con lo más divertido del momento (ya estamos acostumbrados a sus montajes de última hora, que les permiten recoger todo lo último en información y estar siempre al día); el mejor disfraz individual para un individuo que iba de ‘Oscar retirado’, con dos flipantes perros llamados Chuck y Norris, que el jurado encontró en la Cantina Tapachula y quedó partido de risa (la ambientación mejicana no podía faltar, capitaneada por una Katy envuelta en vinilo); otra mención especial para un tal Peio, con el ‘disfraz más espectacular’ que nunca habíamos visto por aquí, que encontramos por el colegio regentado por la profesora Ana ‘Luz Gas’ convertido en un dios azteca que daba hasta un puntito de miedo; y el premio al ‘mejor disfraz de grupo’ como local ha supuesto este año discusiones y casi bronca en las deliberaciones del jurado, que no ha llegado a pegarse porque sus miembros son muy civilizados, pero que, tras un desempate y una votación a mano alzada ha dejado a las puertas a los chicos del Séptimo Cielo, impresionantes ataviados de ‘Las mil y una noches’, y ha sido, una vez más, para el Café Bar Bilbao y su peña medieval con Shrek incluido.
Pero ha habido mucho más: el increíble ambiente (ya habitual, por otra parte) de La Otxoa, cuyo personal, disfrazado esta vez de guardería pediátrica, lleva ya años convertido en estandarte de la marcha festiva y de la noche de Bilbao; el Auzoa de Txurdinaga, local cañero, enrollado y marchoso donde los haya, que se lo montó de entrega de los Oscar (¡eran gallinas doradas!), y que a base de photoshop había convertido a sus clientes en astros de carteles de películas y protagonistas de las estrellas de Broadway, y que tuvo que echar por la fuerza casi, ya a altas horas, a la gente que parece se quería quedar allí a vivir; el Divinus Circus del ‘Divino Cielo’,  con todo el equipo completo en el que no faltaba ni el hombre que vuela a golpe de cañón; la impresionante recreación del país de nunca jamás del Attico 14, en el que los eternos infantes (que no tanto) atendían en la barra con su inagotable sonrisa o el mundo escocés del Txoko de Gabi, que menos mal que no hacía mucha ventisca por el Botxo, porque de lo contrario nos hubiese dejado con los ojos en blanco al descubrir lo que su falda dejaba adivinar… (en efecto, muy puesto en el papel, Koldo prescindió de ropa interior para la ocasión).
Y por si esto fuese poco, los piratas del Mistyk, los hippies del KZ, el grupo Abba en el PH7, los caballeros medievales del Bowie y las vikingas del Iman pusieron más difícil aún la decisión del jurado junto con los aladdines de la Abadía de Císter,  y la Catwoman del Thai day. Un último detalle: el Belmondo convertido en un saloon del far west ofreció un fantástico espectáculo que hizo las delicias de cuantos pudieron disfrutarlo, todo ello de la mano de la ‘Chane’.

 

Comercios

En el apartado de comercios, el ganador de este año es el Mercado de Deusto, en el que cada puesto era una película. Toy Planet ha quedado en segundo puesto, recuperando su espíritu con la increíble puesta en escena de un poblado indio con baile incluido. Ojo, que hasta tenían a un pobre vaquero atado a un árbol al que de vez en cuando amenazaban con lo que tenían a mano.
Y en el tercer puesto, entran pisando fuerte este año las orientales Ixchel, dejando anonadado al jurado con su mundo de relax e incienso envueltas en ropajes del país del sol naciente.

Itinerario Jurado Barnaval 2011

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