“La pintura es una reflexión intelectual”

El aspecto jovial del pintor Jesús Mari Lazkano es la cara del espíritu inquieto y a la vez sereno de un amante de la naturaleza y la esencia de su pueblo. Lo muestra en la exposición ‘De la arquitectura a la naturaleza” que este navegante y escalador –en Atxarte, Picos de Europa, Pirineos, las calas de Marsella o Alpes- con aspecto de legendario aventurero, acaba de inaugurar en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. Bergarés  del 60 y profesor de pintura en la UPV, evolucionó hacia un realismo que le ha abierto las puertas de todos los principales museos vascos, varios internacionales e importantes edificios públicos. Destaca una gran pieza panorámica en el stand de Bilbao en la Exposición Universal de Shangai. La ‘plaza Arriaga’ del Museo y el Cabo Ogoño son sus rincones favoritos.


-Arturo Trueba-

 

¿Qué expones?
La exposición recoge obras básicamente desde 2003 hasta la actualidad. Es la deriva de ese movimiento pendular recurrente en mi trayectoria de la arquitectura a la naturaleza. Utilizo el propio edificio del Museo como excusa a través de la cual los elementos arquitectónicos van desapareciendo progresivamente frente, para terminar con pequeños guiños a otros artistas, Giacometti o Urzelay.
¿Por qué lo haces así?
Es una mirada atrás. Uno reflexiona sobre su propio trabajo centrado en lo arquitectónico como la ciudad de Nueva York o Roma. El cuerpo me pidió irme al paisaje “natural”. Siempre he amado al Museo. De hecho crecí en él. Hay con el tiempo una apertura hacia el parque que lo rodea. Desde el propio edificio que yo amo y desde el que voy a exponer para que los elementos naturales vayan imponiéndose.
¿Siempre fiel a tu estilo realista?
Es una especie de trampa, de anzuelo para captar al espectador y hacer que reflexione. La pintura es una construcción intelectual, un motivo de reflexión a partir de la puerta de las emociones sobre la idea de ciudad, la naturaleza o la relación entre ambas.
Sorprende en estos momentos en los que el arte contemporáneo es algo tan difícil de entender.
Hay una gran equivocación. Asociamos lo contemporáneo con herramientas nuevas. En una analogía con la literatura, los escritores más contemporáneos siguen utilizando la misma gramática; lo novedoso es la invención, la narración, pero no la herramienta. En arte, cuentas cosas absolutamente contemporáneas manejando cualquier tipo de herramienta, no sólo las nuevas tecnologías. Lo importante es lo que estás contando. Muchas veces vemos tecnología punta para una historia superpasada. A veces, es una pantalla que no te deja ver.
¿Te apoyas en la foto …?
Se relaciona la fotografía con la veracidad, pero la fotografía sólo muestra una parte de la realidad. Por ejemplo, los cubistas son mucho más reales que los fotógrafos: pintan un jarrón pero lo hacen también por abajo y por encima. Así, sabemos si es un jarrón de Bidasoa e incluso lo que hay dentro al desdoblar la realidad para entenderla más plenamente. Hay mucha más información en los cuadros, aunque a veces utilizo como instrumento la propia fotografía, incluso la de época.
¿Es un reflejo de tu tierra y de tu vida?
Sólo puedo trabajar sobre las cosas que conozco, sobre mi propia experiencia: ciudades, paisajes, mar Cantábrico, los montes del Duranguesado, Gorbea,…Desde lo local puedes hablar de cuestiones universales.
¿En cuantos museos estás?
Aquí en todos. También en Madrid, en Francia, Roma...He expuesto en Estados Unidos, en Dallas, Chicago…
¿El amanecer o crepúsculo?
Prefiero el crepúsculo porque soy heredero de una tradición romántica alemana, de Caspar Friedrich, que utilizaba ese tipo de luz. Soy amante de las luces horizontales que se producen tanto en el amanecer como en el atardecer, que es como una memoria del día. Más cálida.
¿Navegante solitario?
Soy navegante solitario en la mar y en la pintura. Soy una rara avis: seguir pintando es como un acto de resistencia. Nunca he sido gregario, la soledad es un momento muy creativo en el que me siento cómodo.
¿Afirmas que el azul Bilbao es de Bergara?
Si. El azul índigo, el vegetal del que se saca el tinte, lo utilizaba la antigua algodonera de Bergara para teñir las telas –buzos o pantalones vaqueros-que se exportaban a través del puerto de Bilbao. El ‘Klein’ es el añil, que se producía en Areta.
¿Tus rincones favoritos de Bilbao y Euskadi?
Un cuadro lo responde: se llama ‘el corazón de Bilbao’, que es la ‘plaza Arriaga’ del Museo. De Euskadi, los encinares de Urdaibai, o más bien el Cabo Ogoño, en el que abrimos una vía escalando desde el borde del mar.


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